3. 2. 7. Situación sanitaria
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Por lo que se refiere a la situación sanitaria de los menores
ingresados en los CTTC, nos vamos a interesar en nuestro análisis por dos cuestiones
fundamentalmente:
-
- Situación sanitaria al ingresar en
el centro.
- Atención sanitaria durante la
permanencia en el centro.
1. Situación sanitaria al ingresar en el centro.
La práctica totalidad de responsables de centros consultados respondieron que el estado de
salud de los menores al ingresar era en general bueno. Las únicas excepciones se referían a menores
no tutelados provenientes directamente de sus familias, donde podían encontrarse casos de menores
con deficiencias sanitarias, especialmente aquellos que provenían de la calle o de ambientes muy
desestructurados.
Obviamente, al calificar su estado de salud como bueno nos estamos refiriendo
fundamentalmente a su estado físico, ya que un porcentaje importante de estos menores padecen algún
tipo de trastorno psíquico, por lo general leve o moderado, ya que la presencia de trastornos
psiquiátricos graves solía ser motivo de exclusión para los centros al no adecuarse al perfil del
mismo.
Las excepciones a este supuesto de exclusiones se dan en dos de los centros visitados. En el
caso del centro “Dulce Nombre de María” de Málaga, porque este centro atiende preferentemente a
menores con trastornos de conducta asociados a patologías psiquiátricas relevantes. De hecho, su
denominación oficial es “centro para menores con trastornos de la personalidad”.
Por su parte, el centro de la Asociación Paz y Bien ubicado en la provincia de Sevilla,
atiende exclusivamente a menores con algún tipo de retraso mental que presentan además trastornos
del comportamiento.
En varios centros nos refirieron haber tenido menores ingresados con patologías psiquiátricas
que no habían sido previamente diagnosticadas en su centro de origen, razón por la que no fueron
inicialmente excluidos, aunque posteriormente fueran derivados a otros recursos una vez
diagnosticada la misma. En algunos casos estas patologías eran graves, como fue el caso de un menor
sicótico ingresado en un CTTC sin diagnosticar y que ocasionó graves problemas en el centro antes
de ser derivado al centro “Dulce Nombre de María”.
Con frecuencia los menores ingresados en estos centros padecen problemas por retrasos
madurativos o trastornos de la identidad sexual.
Una cuestión que planteamos en todas nuestras visitas era si ingresaban menores con
toxicomanías. La respuesta generalizada fue que la toxicomanía severa era causa de exclusión y
derivación a centros terapéuticos especializados en tratar estas adicciones. No obstante, era
frecuente que los menores ingresados hubiesen tenido contactos con drogas o estuviesen iniciándose
en el consumo. Del mismo modo sucedía con cierta frecuencia que los menores consumieran algún tipo
de sustancias durante sus salidas del centro. Circunstancia ésta que solía ser objeto de dura
sanción en la mayoría de centros.
La determinación del estado de salud de los menores se realizaba inicialmente a partir de los
informes médicos que se aportaban al centro por los organismos de derivación, verificándose
posteriormente con analíticas y exámenes médicos una vez estaba el menor en el centro.
También en esta cuestión hubimos de escuchar los reproches de bastantes centros hacía los
órganos de derivación y hacía los centros de origen por las carencias que presentaban algunos de
los informes médicos recibidos, resultando especialmente graves en el caso de patologías
psiquiátricas sin diagnosticar.
2. Atención sanitaria durante la permanencia en el centro.
Respecto de los recursos sanitarios con que cuentan los CTTC, debemos decir que sólo tres de
ellos carecían de recursos propios y se veían obligados a depender en exclusiva de los recursos
sanitarios públicos existentes en la zona.
El resto de centros contaba al menos con un médico en plantilla, aunque con frecuencia éste
estuviese compartido con otro centro, como ocurría en el caso de los CTTC situados junto a centros
para el tratamiento de adultos con toxicomanías que compartían el mismo médico. En realidad, al ser
más antiguos los centros para toxicómanos era el médico de dicho centro el que pasaba a prestar
servicios también en el CTTC una vez creado este recurso.
En todo caso, los médicos existentes en los CTTC coordinaban su actuación con los
responsables de los recursos sanitarios públicos de la zona, especialmente con las Unidades de
Salud Mental Infanto-Juvenil (USMIJ). En uno de los centros visitados esta coordinación llegaba a
tal extremo que el médico del centro manifestó que solía ser él quien expedía las recetas para los
tratamientos farmacológicos de los menores, limitándose el responsable de la USMIJ de zona a firmar
las mismas cuando le eran presentadas.
Los médicos de los centros se encargaban de atender y solventar directamente los casos de
enfermedades comunes, utilizando los recursos sanitarios de la zona cuando se requería la
intervención de especialistas.
El uso de fármacos en el tratamiento médico de estos menores nos pareció bastante común en
los centros visitados, especialmente neurolépticos y antidepresivos. Pudiendo comprobar que se
recurría a la contención química con cierta habitualidad cuando los menores presentaban conductas
violentas o autolesivas.
Todos los centros contaban con algún tipo de equipamiento médico, existiendo además en los
centros con médico propio, instalaciones o dependencias específicas para la atención sanitaria de
los menores y para las terapias psicológicas.
Llamativas resultaban las medidas de seguridad que la mayoría de centros utilizaban para
mantener a buen recaudo los medicamentos e impedir que los menores accedieran a los mismos.
Todos los centros elaboraban informes médicos de seguimiento de los menores, donde dejaban
constancia de las incidencias sanitarias de los mismos. Estos informes eran posteriormente
remitidos, al concluir el programa, al órgano de derivación para su inclusión en el expediente del
menor.
FIN