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CONFERENCIA DE CLAUSURA
Emilio Carrillo
Teniente Alcalde Delegado de Urbanismo
Ayuntamiento de Sevilla
Centro Cultural El Monte
Sevilla, 14 de mayo de 2004
INTRODUCCIÓN
1.- Agradecimientos
Muy buenos días, autoridades, señoras, señores, amigos y amigas.
Quiero en primer lugar felicitar al Defensor del Pueblo Andaluz, al Consejo Andaluz de
Colegios Oficiales de Arquitectos y al Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Aparejadores y
Arquitectos Técnicos, y a la Fundación El Monte por su magnífica iniciativa al organizar estas
Jornadas sobre Vivienda y Personas Mayores, y manifestarles mi agradecimiento por la posibilidad de
compartir hoy con ustedes una serie de reflexiones sobre un tema de tanta trascendencia social y
ciudadana como es el que nos ocupa.
2. La vivienda es un derecho, no una mercancía
El acceso a la vivienda es un derecho de todos los españoles, independientemente de su raza,
religión, sexo o edad, como lo son la educación, la sanidad, la justicia o la seguridad, protegido
por la Constitución que aprobamos masivamente por referéndum popular el 6 de diciembre de 1978. En
su Artículo 47, que forma parte del capítulo que instaura los principios rectores de la política
social y económica que rigen en nuestro Estado, establece lo siguiente:
- "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda
digna y adecuada.
- Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y
establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del
suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en
las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos."
Pocos reconocimientos de derechos y pocos mandatos a los poderes públicos aparecen tan
explícitos y contundentes en la Norma Fundamental. Sin embargo, hablar hoy de vivienda en España –t
ambién, sin duda, en Sevilla- es hacerlo de un derecho ciudadano ignorado y del incumplimiento
rotundo de un deber por parte de los poderes públicos. 25 años después de la entrada en vigor del
Texto constitucional, la vivienda es uno de los pocos asuntos en los que lejos de avanzar, la
situación empeorado de modo notable.
Efectivamente, como han tenido oportunidad de escuchar a los distintos ponentes que me han
precedido en el uso de esta tribuna a lo largo de estas Jornadas, me temo que en este tema, como en
tantos otros, la sociedad española está evolucionando mucho más rápidamente de lo que son capaces
de hacerlo la legislación y las administraciones públicas responsables de su cumplimiento.
3.- Evolución de la población española, vivienda y personas
mayores
Los últimos informes sobre la evolución de la población española, vivienda y personas mayores
que diferentes instancias administrativas, financieras y técnicas han puesto sobre la mesa nos
plantean la obligación de dar respuesta a retos que son cualitativa y cuantitativamente
absolutamente nuevos.
Les pondré a continuación cuatro ejemplos de ello, extraídos del capítulo sobre la población
española que encabeza el Informe "España Hoy", emitido por la Oficina del Portavoz del Gobierno
Español el pasado año 2002.
3.1.- Una población joven que envejece rápidamente.
España es un país joven que envejece rápidamente, con una pirámide de edades singular, si la
comparamos con las de otros países europeos. En España, como consecuencia de una elevada natalidad
en los años sesenta y comienzos de los setenta, las generaciones alrededor de los 30 años son las
más numerosas que han existido y que existirán en un futuro predecible, lo que está ejerciendo una
presión muy fuerte sobre el sistema educativo y sobre el mercado de trabajo, y también, como
ustedes saben, sobre la demanda de viviendas.
El cambio en las dimensiones de las nuevas generaciones es tan rápido y profundo que la
generación recién nacida tiene una dimensión menor de la mitad que la generación más numerosa, que
está en torno a los 30 años, lo que lleva a plantear problemas de reemplazo generacional en un
futuro, y el debate sobre la posibilidad de proyectar el sistema de pensiones, uno de los pilares
del Estado de Bienestar.
3.2.- Aumenta la esperanza de vida
Los niños que nacen ahora tienen una esperanza de vida de 79,3 años, más del doble que la que
tenían los que nacían hace 100 años. Se trata de uno de los mayores logros de la sociedad actual,
consecuencia de una mejora sistemática de las condiciones sanitarias, alimenticias y de habitación.
Esa creciente esperanza de vida sitúa a España en la actualidad entre los países más
longevos, no sólo de Europa sino de todo el planeta. Pero esta longevidad manifiesta una gran
diferencia entre hombres y mujeres que ha ido aumentando a lo largo de los últimos años y que se
sitúa en 7,2 años, entre los 74,7 de los hombres y los 81,9 de las mujeres, habiendo crecido de
forma progresiva a lo largo de todo el siglo, ya que la diferencia en el inicio del siglo XX era de
dos años. Si a esa diferencia le añadimos el hecho de que los hombres se casan dos años más tarde
que las mujeres, nos encontramos con una elevada proporción de mujeres mayores que son viudas.
Algunas de ellas residen en casa de sus hijos; otras permanecen independientes en sus viviendas o
en las residencias de ancianos que han multiplicado su capacidad en pocos años.
3.3 Aumenta el número de hogares unipersonales, especialmente en el
centro de las grandes ciudades
Otro de los grandes cambios experimentados en la población española es el relativo a la
formación y las características de los hogares. La familia tradicional compuesta por una pareja con
hijos solteros es todavía mayoritaria en España, pero su descenso continuado plantea que en un
futuro no muy lejano su proporción descenderá por debajo de la mitad, para dar paso a un
crecimiento de otros tipos de familia que antes eran minoritarios: parejas sin hijos, familias
monoparentales, etcétera.
Los hogares formados por una sola persona constituyen en España el 14,2 por 100 del total,
proporción inferior a la media europea, que supera el 25 por 100. No obstante, tienden a
incrementarse, sobre todo en los centros de las ciudades. En Sevilla el 15% de la población tiene
65 años o más. Este porcentaje se eleva hasta el 20% en el Casco Antiguo o en Triana – Los
Remedios. En el municipio de París o en el centro de Londres, más de la mitad de los hogares son
unipersonales, pero en Madrid esta proporción no alcanza el 25 por 100.
El que aumente el número de hogares unipersonales es un hecho importante porque supone que
con un crecimiento escaso del tamaño de la población se está dando un fuerte aumento en el número
de hogares, y por tanto de viviendas, lo que plantea la paradoja de un país con una estabilidad en
su población y un gran incremento de sus asentamientos urbanos, de dimensiones similares a las
épocas de mayor crecimiento demográfico.
3.4 Las personas mayores tienen una mayor independencia en sus
comportamientos residenciales y una mayor capacidad para vivir solos que las que tenían las
generaciones anteriores.
De hecho, actualmente en España el 54 por 100 de los hogares unipersonales corresponde a
mayores de 65 años, en su mayoría mujeres, dado que éstas tienen una esperanza de vida más alta que
los hombres. Este porcentaje está aumentando a la vez que disminuye progresivamente los que a
partir de una cierta edad se van a vivir con sus hijos tanto de forma estable como rotatoria. Esta
disminución acompaña el aumento de la tasa de actividad de las mujeres, que ya no pueden ocuparse
de sus padres cuando requieren la presencia constante de una persona o un cuidado intensivo. Una
alternativa frecuente es que los hijos vivan en lugares próximos a los padres con un intercambio de
ayudas recíproco.
Muchas de estas personas mayores que viven solas han de hacer frente en el día a día a
dificultades tales como entrar o salir de la ducha, evitar resbalar en el baño o subir las
escaleras, problemas con las llaves de agua o con las puertas, calefacción o ventilación
inadecuadas... Y hacer frente a gastos relacionados con la vivienda en la que habitan que
representan un porcentaje muy elevado de sus ingresos.
FIN