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Viernes, 10 de Febrero de 2012
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 CONFERENCIA DE CLAUSURA

Emilio Carrillo
Teniente Alcalde Delegado de Urbanismo
Ayuntamiento de Sevilla

Centro Cultural El Monte
Sevilla, 14 de mayo de 2004


INTRODUCCIÓN

1.- Agradecimientos

Muy buenos días, autoridades, señoras, señores, amigos y amigas.

Quiero en primer lugar felicitar al Defensor del Pueblo Andaluz, al Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Arquitectos y al Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, y a la Fundación El Monte por su magnífica iniciativa al organizar estas Jornadas sobre Vivienda y Personas Mayores, y manifestarles mi agradecimiento por la posibilidad de compartir hoy con ustedes una serie de reflexiones sobre un tema de tanta trascendencia social y ciudadana como es el que nos ocupa.

2. La vivienda es un derecho, no una mercancía

El acceso a la vivienda es un derecho de todos los españoles, independientemente de su raza, religión, sexo o edad, como lo son la educación, la sanidad, la justicia o la seguridad, protegido por la Constitución que aprobamos masivamente por referéndum popular el 6 de diciembre de 1978. En su Artículo 47, que forma parte del capítulo que instaura los principios rectores de la política social y económica que rigen en nuestro Estado, establece lo siguiente:
  1. "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.
  2. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos."
Pocos reconocimientos de derechos y pocos mandatos a los poderes públicos aparecen tan explícitos y contundentes en la Norma Fundamental. Sin embargo, hablar hoy de vivienda en España –t ambién, sin duda, en Sevilla- es hacerlo de un derecho ciudadano ignorado y del incumplimiento rotundo de un deber por parte de los poderes públicos. 25 años después de la entrada en vigor del Texto constitucional, la vivienda es uno de los pocos asuntos en los que lejos de avanzar, la situación empeorado de modo notable.

Efectivamente, como han tenido oportunidad de escuchar a los distintos ponentes que me han precedido en el uso de esta tribuna a lo largo de estas Jornadas, me temo que en este tema, como en tantos otros, la sociedad española está evolucionando mucho más rápidamente de lo que son capaces de hacerlo la legislación y las administraciones públicas responsables de su cumplimiento.

3.- Evolución de la población española, vivienda y personas mayores


Los últimos informes sobre la evolución de la población española, vivienda y personas mayores que diferentes instancias administrativas, financieras y técnicas han puesto sobre la mesa nos plantean la obligación de dar respuesta a retos que son cualitativa y cuantitativamente absolutamente nuevos.

Les pondré a continuación cuatro ejemplos de ello, extraídos del capítulo sobre la población española que encabeza el Informe "España Hoy", emitido por la Oficina del Portavoz del Gobierno Español el pasado año 2002.

3.1.- Una población joven que envejece rápidamente.

España es un país joven que envejece rápidamente, con una pirámide de edades singular, si la comparamos con las de otros países europeos. En España, como consecuencia de una elevada natalidad en los años sesenta y comienzos de los setenta, las generaciones alrededor de los 30 años son las más numerosas que han existido y que existirán en un futuro predecible, lo que está ejerciendo una presión muy fuerte sobre el sistema educativo y sobre el mercado de trabajo, y también, como ustedes saben, sobre la demanda de viviendas.

El cambio en las dimensiones de las nuevas generaciones es tan rápido y profundo que la generación recién nacida tiene una dimensión menor de la mitad que la generación más numerosa, que está en torno a los 30 años, lo que lleva a plantear problemas de reemplazo generacional en un futuro, y el debate sobre la posibilidad de proyectar el sistema de pensiones, uno de los pilares del Estado de Bienestar.

3.2.- Aumenta la esperanza de vida

Los niños que nacen ahora tienen una esperanza de vida de 79,3 años, más del doble que la que tenían los que nacían hace 100 años. Se trata de uno de los mayores logros de la sociedad actual, consecuencia de una mejora sistemática de las condiciones sanitarias, alimenticias y de habitación.

Esa creciente esperanza de vida sitúa a España en la actualidad entre los países más longevos, no sólo de Europa sino de todo el planeta. Pero esta longevidad manifiesta una gran diferencia entre hombres y mujeres que ha ido aumentando a lo largo de los últimos años y que se sitúa en 7,2 años, entre los 74,7 de los hombres y los 81,9 de las mujeres, habiendo crecido de forma progresiva a lo largo de todo el siglo, ya que la diferencia en el inicio del siglo XX era de dos años. Si a esa diferencia le añadimos el hecho de que los hombres se casan dos años más tarde que las mujeres, nos encontramos con una elevada proporción de mujeres mayores que son viudas. Algunas de ellas residen en casa de sus hijos; otras permanecen independientes en sus viviendas o en las residencias de ancianos que han multiplicado su capacidad en pocos años.

3.3 Aumenta el número de hogares unipersonales, especialmente en el centro de las grandes ciudades

Otro de los grandes cambios experimentados en la población española es el relativo a la formación y las características de los hogares. La familia tradicional compuesta por una pareja con hijos solteros es todavía mayoritaria en España, pero su descenso continuado plantea que en un futuro no muy lejano su proporción descenderá por debajo de la mitad, para dar paso a un crecimiento de otros tipos de familia que antes eran minoritarios: parejas sin hijos, familias monoparentales, etcétera.

Los hogares formados por una sola persona constituyen en España el 14,2 por 100 del total, proporción inferior a la media europea, que supera el 25 por 100. No obstante, tienden a incrementarse, sobre todo en los centros de las ciudades. En Sevilla el 15% de la población tiene 65 años o más. Este porcentaje se eleva hasta el 20% en el Casco Antiguo o en Triana – Los Remedios. En el municipio de París o en el centro de Londres, más de la mitad de los hogares son unipersonales, pero en Madrid esta proporción no alcanza el 25 por 100.

El que aumente el número de hogares unipersonales es un hecho importante porque supone que con un crecimiento escaso del tamaño de la población se está dando un fuerte aumento en el número de hogares, y por tanto de viviendas, lo que plantea la paradoja de un país con una estabilidad en su población y un gran incremento de sus asentamientos urbanos, de dimensiones similares a las épocas de mayor crecimiento demográfico.

3.4 Las personas mayores tienen una mayor independencia en sus comportamientos residenciales y una mayor capacidad para vivir solos que las que tenían las generaciones anteriores.

De hecho, actualmente en España el 54 por 100 de los hogares unipersonales corresponde a mayores de 65 años, en su mayoría mujeres, dado que éstas tienen una esperanza de vida más alta que los hombres. Este porcentaje está aumentando a la vez que disminuye progresivamente los que a partir de una cierta edad se van a vivir con sus hijos tanto de forma estable como rotatoria. Esta disminución acompaña el aumento de la tasa de actividad de las mujeres, que ya no pueden ocuparse de sus padres cuando requieren la presencia constante de una persona o un cuidado intensivo. Una alternativa frecuente es que los hijos vivan en lugares próximos a los padres con un intercambio de ayudas recíproco.

Muchas de estas personas mayores que viven solas han de hacer frente en el día a día a dificultades tales como entrar o salir de la ducha, evitar resbalar en el baño o subir las escaleras, problemas con las llaves de agua o con las puertas, calefacción o ventilación inadecuadas... Y hacer frente a gastos relacionados con la vivienda en la que habitan que representan un porcentaje muy elevado de sus ingresos.
FIN
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