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"EVOLUCIÓN RECIENTE DEL COMPORTAMIENTO RESIDENCIAL
DE LOS MAYORES"
Por Jesús Leal Maldonado
Catedrático de Sociología en la Facultad de
Ciencias Políticas y Sociología de la
Universidad Complutense de Madrid.
SEVILLA 14/05/2004
INTRODUCCIÓN
En la actualidad se está produciendo un cambio rápido en el comportamiento residencial de las
personas mayores, caracterizado sobre todo por una mayor independencia residencial con la
continuidad de la permanencia en el propio domicilio a edades cada vez más avanzadas y por
consiguiente con la disminución progresiva del recurso a vivir con los hijos o con otros parientes,
cuando se pierde a la pareja y los hijos han abandonado el hogar. Este hecho tiene importantes
consecuencias entre las que hay que destacar el aumento de la población vulnerable y necesitada de
ayuda exterior en sus domicilios, la prolongación de la vida de los hogares con pocos recursos para
adaptar sus viviendas a sus necesidades, en términos de confort y de seguridad, y el cambio en el
ciclo de la vivienda con una disminución de las viviendas que entran de nuevo en el mercado tras la
desaparición del hogar que la habitaba previamente.
Pero más allá de las consecuencias de un incremento notable de los mayores que habitan en sus
propios domicilios y sobre todo de las personas mayores que habitan solas, se trata sobre todo de
profundizar en el conocimiento y la explicación de los comportamientos residenciales de estas
personas mayores en lo que respecta, en primer lugar los cambios que se están produciendo en este
grupo de edad, en segundo lugar los cambios en las formas de convivencia y finalmente la
caracterización de las viviendas en las que habitan.
LA POBLACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES
El punto de partida es la delimitación del concepto de persona mayor y de comportamiento
residencial. Existen una serie de hitos que marcan en la mayor parte de los casos el ciclo de vida
familiar y que nos expresan su evolución más allá de las edades concretas de los sus protagonistas.
En primer lugar está la formación del primer hogar con el abandono de la familia paterna para
conseguir una vida independiente, solo o en pareja. En segundo lugar la venida de los hijos supone
la ampliación de los miembros forman la primera familia y suele traer consigo un cambio en la
consideración de la vivienda. En tercer lugar con la llegada de estos hijos a la edad adulta y su
independencia se produce su abandono, con la generación de una situación que se ha acordado en
llamar el
nido vacío
. En cuarto lugar la desaparición del hogar, porque en el caso de fallecimiento de uno de
los cónyuges la persona restante puede seguir viviendo sola durante algún tiempo o incluso hasta su
fallecimiento, dando paso a un hogar unipersonal. Pero podemos considerar otro hito más que ya no
sería dependiente de las relaciones familiares sino de las relaciones laborales, este sería el del
paso a la
jubilación de la pareja o del principal que compone el hogar,
que suele suponer una liberación de las dependencias de localización residencial en proximidad al
lugar de trabajo.
Desde la perspectiva del
ciclo familiar y laboral la entrada en la senectud estaría
ligada a la situación de nido vacío y a la jubilación, aunque estas dos situaciones no suelen
producirse de forma simultánea. Pero el problema es que resulta difícil fijar ambas condiciones en
relación con la situación residencial y por otra parte la mayor parte de los análisis suelen partir
de una edad marco para calificar a la población como mayor o anciana. Esa edad suele ser la de la
jubilación legal, es decir la de los 65 años, lo que nos lleva a usar esa medida a la hora de
distinguir la población mayor, frente a otros criterios que hubieran sido más significativos
socialmente. De todas maneras es de considerar que la edad media real de jubilación es anterior a
esa edad legal, situándose en la actualidad alrededor de los 60 años, debido sobre todo a las
jubilaciones anticipadas.
El gran crecimiento de este grupo de edad y los problemas que plantea el aumento de sus
componentes de cara al futuro ha llevado a pasar por alto los grandes cambios internos que se daban
en él. No se trata solo de un grupo creciente en todos sus sentidos, sino que es un grupo sometido
a un profundo cambio en sus sistemas de vida, sus formas de relación y convivencia y sus prácticas
residenciales.
El primer cambio a reseñar es el del abandono de la vida activa. El aumento de la esperanza
de vida ha venido acompañado, paradójicamente, en la mayor parte de los países industrializados, de
una disminución de la edad media de jubilación como efecto de las reestructuraciones empresariales
inducidas en gran parte por los cambios tecnológicos. La reducción de las plantillas de
trabajadores de gran número de empresas ha llevado a conceder prejubilaciones o jubilaciones
anticipadas en función de la edad. En este sentido podemos explicar que la proporción de hogares
con principal jubilado es bastante mayor que la proporción de los que tienen más de 64 años.
Directamente ligada a la jubilación, en la mayor parte de los casos está la pérdida de poder
adquisitivo con la disminución de los ingresos, lo que condiciona también de forma notable los
cambios residenciales. Cruz, P. Y Cobo, R. 1989 expresan que alrededor del 5% de los mayores se han
visto obligados a cambiar de residencia con la jubilación por no poder afrontar los gastos que se
exigían en la vivienda, debido sobre todo al coste del mantenimiento que generalmente se incrementa
con la edad de los edificios.
Personas por debajo de la línea de pobreza (LP60) por edad
1
| EDAD |
Proporción de personas |
|
Total
|
14,72 |
|
No consta
|
56,99 |
|
Hasta 25 años
|
14,32 |
|
Entre 26 y 35 años
|
13,15 |
|
Entre 36 y 45 años
|
10,56 |
|
Entre 46 y 55 años
|
11,18 |
|
Entre 56 y 60 años
|
15,27 |
|
Entre 61 y 65 años
|
17,32 |
|
66 y mas años
|
23,38 |
| Fuente: Instituto Nacional de Estadística. Encuesta continua de
presupuestos familiares 1991.
|
La capacidad económica condiciona los comportamientos residenciales. La dificultad para
mejorar la vivienda y para acceder a una vivienda nueva lleva a que una proporción elevada de
personas mayores se vean obligadas a vivir en viviendas en mal estado o desadaptadas para sus
necesidades en términos de movilidad y de seguridad.
Un grupo creciente
En Andalucía, según el censo de 2001 la población mayor de 64 años que vive en hogares
representaba el 14,4% del total de la población, se trata de una proporción más baja que la media
española que se sitúa en el 16,7%, cuya distribución por géneros es diferente según las edades,
hasta los ochenta años las diferencias de género son manifiestas: el 55,5% son mujeres, pero esta
diferencia se incrementa notablemente a partir del umbral de los ochenta años de forma que para los
de 81 y más años la proporción de mujeres supera en más del doble a la de los hombres y a medida
que se crece en edad esta diferencia se va ampliando. Esta diferencia está basada en dos hechos, el
primero es la diferencia en la esperanza de vida que ha ido creciendo a lo largo del siglo hasta
llegar en la actualidad a más de 6 años, aunque esta diferencia se acorta a 5 años si consideramos
la esperanza de vida a los 65 años. Pero a esta diferencia hay que añadirle el hecho de que las
mujeres se casan dos años más jóvenes que los hombres en el primer matrimonio, lo que supone que al
menos la supervivencia media de las mujeres respecto a los hombres va a ser alrededor de los siete
años, lo que nos explica que a partir de los 80 el número de viudas doble al de viudos.
Esperanza de vida al nacer de la población española
| |
1900 |
1910 |
1920 |
1930 |
1940 |
1950 |
1960 |
1970 |
1980 |
1991 |
*2000 |
|
Mujeres
|
35.7 |
42.6 |
42 |
51.6 |
53.2 |
64.3 |
72.2 |
75.1 |
78.7 |
80.8 |
82.1 |
|
Varones
|
33.8 |
40.9 |
40.3 |
48.4 |
47.1 |
59.8 |
67.4 |
69.6 |
72.7 |
74.4 |
75.8 |
|
Diferencia
|
1.9 |
1.7 |
1.7 |
3.2 |
6.1 |
4.5 |
4.8 |
5.5 |
6 |
6.4 |
6.3 |
| Fuente INE y Fernández Cordón, J.A. (1994)Proyección de la población
española. CSIC. Madrid
|
Durante los últimos años se está experimentando un considerable crecimiento de la población
mayor, cuya proporción hubiera aumentado más si no hubiera sido por la entrada de inmigrantes cuyas
edades predominantes se establecen entre los 25 y los 35 años y que han contribuido a disminuir el
grado de envejecimiento del conjunto de la población española. De todas maneras el envejecimiento
de la población que se ha detenido un poco por la intensidad de la inmigración en los años
recientes, tenderá a proseguir en los años venideros, de forma que se espera que en pocos años la
proporción de mayores supere a la de los menores de 16 años.
La población mayor española aumenta proporcionalmente en las zonas rurales, se estabiliza en
las zonas urbanas de mayor tamaño y disminuye en las ciudades intermedias. En ese sentido no es
arriesgado afirmar que nos hayamos ante dos problemas diferenciados, según se trate de una
residencia en zonas urbanas o rurales.
FIN